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Al igual que en el resto de Italia, en Campania pervive una evolución del latín vulgar diferente al italiano estándar. Debe tenerse en cuenta que lo que hoy se conoce como italiano, era el dialecto florentino - un caso particular, elegido por su prestigio cultural, al ser en el que se expresaban Dante, Petrarca y Bocaccio-, el cual no se impuso en la península sino hasta la unificación, y no llegó a ser totalmente conocido hasta la 2a mitad del siglo XX.
El napolitano sin embargo, cuenta con una sólida base de hablantes que se estima en 7,8 millones de habitantes, con centro en Nápoles y que se extiende por Campania, el Lacio meridional, Molise y Basilicata. Si bien el dialecto presenta pequenas diferencias incluso entre pueblos vecinos, por lo que existen controversias en cuánto a la categoría del napolitano. Mientras que la UNESCO lo considera un idioma, la mayoría de los lingüistas opinan que se trata de un dialecto.
El napolitano a pesar de ser la variedad en la que fueron escritos los Placiti Cassinesi -unos pergaminos de entre 960 y 963, escritos novedosamente en romance y no en latín-, y haber llegado a ser propuesto como lengua del Reino de Nápoles, nunca llegó a ser el idioma oficial, usándose en la administración el espanol, el catalán o el italiano estándar en la primera mitad del siglo XVIII. Esto no ha sido óbice para que una cantidad respetable de obras literarias o canciones se hayan escrito en napolitano, siendo usado por Gabriele D'Annunzio, originario de Pescara, o cantado por Enrico Caruso. En el plano musical, la canzone napoletana se remonta hasta el siglo XIII y ha sido uno de los canales de difusión más importantes del napolitano, muy presente en el mundo de la canción italiana hasta que el Festival de Sanremo eclipsó al Festival de Nápoles, que dejó de celebrarse en 1970.
En el plano morfológico, la lengua presenta influencias de prácticamente todas las culturas que han pasado por Nápoles a lo largo de la historia, desde los Oscos, por supuesto los romanos con la raíz latina, los griegos y bizantinos hasta el siglo XII, los normandos, franceses y espanoles -que dominaron directamente la ciudad desde 1503 a 1707- e incluso los estadounidenses, presentes desde la Segunda Guerra Mundial, han contribuido con algún vocablo.
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Al igual que todas las lenguas romances, el napolitano deriva del latín. También se han supuesto huellas del osco y del griego, hablado
en Nápoles hasta los siglos II-III D.C.
En el curso de su historia, el napolitano ha sido influenciado por los pueblos que han habitado o dominado la Campania y la Italia centro-meridional: los colonos griegos, los comerciantes bizantinos en la época del Ducado de Nápoles (hasta el siglo IX) y, en épocas más recientes, los normandos, los franceses, los espanoles y hasta los estadounidenses que, durante la segunda guerra mundial y la consiguiente ocupación de Nápoles, han contribuido con algún vocablo.
Bajo la Corona de Aragón el napolitano fue propuesto como idioma de la administración, sin imponer nunca el aragonés o el catalán, pero el intento fracasó con la deposición de Federico I de Nápoles (1501) y el comienzo del virreinato. En la primera mitad del siglo XIX en el Reino de las Dos Sicilias se usaba de facto el italiano como idioma administrativo y literario, así que el napolitano nunca gozó de la condición de lengua oficial.
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